76 - Más secretos.
Tenía las manos al frente, pidiéndole con ojos rojos en sangre e hinchados por el llanto, que no le hiciera nada a su bebé. Jazmín sentía que una electricidad recorría cada parte de su cuerpo, y no de las buenas; sino, todo lo contrario. El miedo la dominaba, pero también el cansancio de jugar al gato y al ratón.
— Debes dejarlo, por favor. Apenas es un niño de días — musitó la joven, mirándola con súplica.
— Solo quiero lo que me pertenece. No voy a aceptar que una escuincla, huérfana como tú