29 - Revelaciones amargas.
Estaba sentado el anciano, con su hija política mirándolo.
— ¿Quieres hablar nuevamente del testamento? — preguntó el anciano, mientras tomaba con su mano la taza de té que la mujer le había llevado.
Ella estaba un poco nerviosa, y más cuando veía que se bebía el té.
— Sólo estoy preocupada. Tu salud se deteriora, padre — respondió.
— ¿Preocupada por qué? ¿Por la herencia que dejaré una vez que me vaya de este mundo? — cuestionó con una sonrisa —. Estoy bastante viejo, hija, y se lo que planeas