ALEJANDRO
La reunión se extendió demasiado.
No porque alguien tuviera algo útil que agregar, nunca lo tenían a estas alturas, sino porque Ricardo Fuentes no podía hacer un punto sin volver a él dos veces, y todos en esa sala estaban demasiado preocupados por sus posiciones como para decir algo al respecto.
Todos excepto yo.
―Ya lo escuchamos ―dije sin rodeos, la tercera vez que volvió a la misma diapositiva.
La sala se quedó en silencio.
―Los números no cambian porque los sigas repitiendo ―dije