Alejandro
Tenía una reunión con mi padre y los inversores de Vallesco. Estaba programada para las 7 a.m., dentro de aproximadamente cuatro horas, y tenía mucho que preparar antes de la reunión.
Con mi boca todavía sobre sus pechos, tomé la ropa de Catalina del mostrador y la levanté, llevándola a su habitación sin apartar mi boca ni sacar mis dedos de ella.
–Ahhh– gimió, ya temblando. Sus piernas se sacudían mientras presionaba su cuerpo más fuerte contra el mío. –Estoy cercaeeeeee–
En el momento en que su espalda tocó la cama, se vino, y sus ojos se giraron hacia atrás.
–T… eso fue increíble–
Sonreí y bajé mi rostro hacia su vagina, lamiendo todo el líquido, sin arrepentimiento.
–Y… eres buenííííííísima– gritó, empujando mi cabeza más profundo, sus piernas temblando bajo mí.
–Apuesto a que nadie te ha hecho sentir así– sonreí con arrogancia. Ella no podía decir nada; solo seguía empujando mi cabeza más profundo.
–Ve a la cama ahora, princesa. Tengo trabajo que atender– susurré, plant