ALEJANDRO
No podía dormir.
Llevaba cuarenta minutos sentado en el borde de la cama, todavía con la camisa de antes, la chaqueta tirada en algún lugar detrás de mí, mirando el suelo como si me debiera algo.
La conversación del contrato seguía volviendo.
No las partes legales ni las cláusulas ni nada de eso, solo su voz cuando hizo esa pregunta.
Si firmo esto, ¿qué pasa con todo lo que ya ha ocurrido entre nosotros?
¿Y qué dije yo?
Seguimos adelante. Siguiendo las reglas esta vez.
Exhalé.
Hasta y