JAVIER
Ya me estaba cansando del viaje de princesa de mamá, pasando tanto tiempo haciendo cosas que no me interesaban en lo más mínimo.
—Ha pasado mucho tiempo desde que tuvimos tanto tiempo a solas, hijo —dijo con una pequeña sonrisa—. La verdad es que extraño los viejos tiempos.
Yo también.
—Cuando solo éramos tú, tu padre y yo —susurró, con algo parecido al dolor impregnando su tono—. Antes de que nos arrastraran a la farsa de su familia.
—Mamá, ¿cuándo termina este viaje otra vez? —pregunté, poniendo los ojos en blanco, ya imaginando hacia dónde iba la conversación—. Me está hartando.
—Lamentablemente, mañana —respondió—. Ojalá pudiéramos pasar más tiempo aquí.
—¿Qué? No —reí—. Si hubieras traído a Paloma o a alguna otra chica dulce, entonces lo habría considerado. Pero ¿solo tú y yo hablando de asuntos familiares aburridos? Paso, con todo respeto.
—¿Hijo? —me miró con una expresión inquisitiva—. ¿Así que prefieres pasar tiempo en los brazos de esas mujeres antes que hablar con tu