PUNTO DE VISTA DE ISABELLA
—Quita a tus hombres de mi vista.
Mi voz sonó más cortante de lo que pretendía, pero no me importó. Mantuve su mirada, ignorando el grito de protesta que me rugía por dentro. —Ahora.
Emilio no se movió, no dijo nada. Llevaba toda la noche esperando y ahora se quedaba ahí de pie, sonriendo con aire burlón, como si no le acabara de lanzar un jarrón de cristal a la cabeza.
Esa calma rompió algo dentro de mí.
—¿Qué pasa, ahora estás sordo? —espeté, girándome en la cama