PUNTO DE VISTA DE EMILIO
La puerta del baño ni siquiera crujió cuando la abrí.
Apestaba a alcohol y vómito, y las luces iluminaban con dureza las baldosas agrietadas.
Entré y me detuve al oír un gemido sordo que provenía de uno de los cubículos.
Mis pasos eran un crujido silencioso, apenas audible en el suelo, mientras avanzaba sigilosamente, escuchando.
El gemido se hizo más fuerte, al igual que los gruñidos, los inconfundibles sonidos de alguien poniéndose cómodo en un cubículo.
Apreté los p