Capítulo 29: Un falso contrato.
La carcajada que salió de Bastien fue lenta, profunda y helada. Un sonido que no llevaba ni una pizca de humor real.
Madeleine parpadeó, confundida, molesta por esa reacción.
—¿Te parece gracioso? —preguntó ella, con la sonrisa de sus labios rojizos, desvaneciéndose—. ¿Te parece que esto es un maldito juego?
La pelirroja se acercó aún más al escritorio, con los puños cerrados a los costados, sus ojos encendidos como brasas.
—¡No es una broma, Bastien! ¡No estoy jugando! ¡Quiero que seas mí