Sus ojos recorrieron las líneas del contenido, reconociendo de inmediato el nombre del anfitrión: un importante socio comercial de la familia Delacroix… uno que también tenía lazos con los Rochette.
El corazón de Margot dio un pequeño brinco.
—¿Voy a ir contigo? —preguntó a su marido, sin levantar la mirada del papel, aún fingiendo un poco de indiferencia.
Bastien le dio otro sorbo a su café antes de responder.
—Por supuesto que vas —dijo, como si la pregunta fuera absurda—. Sigues siendo