—¿Qué? No, ellos saben dónde están, estoy segura de que trabajan para Apolo. —Se altera Luna y Red intenta llevársela—. Tal vez con esto si me reconozcan.
Luna estira su brazo y le congela los pies a los dos hombres, luego uno de ellos toca su oído y dice “Señor, tiene que venir”.
***
—¡¿Ficere?! ¿Pero como…? —se pregunta Apolo muy confundido.
—No lo sé, quedamos atrapados y tuve que usar mi calor al lado de ella, casi la mato —recuerda Red muy preocupado.
—Que quedarás viva es extrañe e imposi