Atardeció y el frio comenzó a reinar en la Ciudad, Mia se aseguró de entrar suficiente leña para las fría noche y comenzó la vigilancia desde su habitación, espectante, ilusionada y con un diálogo aprenido y ensayado para cuando viera asomarse al Zamir, estaba lista para ese encuentro. Pero las horas pasaron y nadie se asomaba por su ventana, la que daba a justamente hacia la calle y hacia el único acceso hacia la casa.
El sueño la invadió y rápidamente se durmió. La noche siguiente sucedio lo