Sebastián se quejó en el momento que Lauren le jaló la oreja y busco como zafarse mientras sacudía sus pies como si fuera una criatura que está siendo regañada por su madre.
— ¡Acaso perdiste la poca cordura que tienes! No puedes estar hablando de mis calzones tan libremente, generalmente esas cosas somos nosotras que las escogemos y no los hombres así sean nuestros esposos.
— No veo qué tiene de malo, eres mi esposa y tienes que tener atenciones por mi parte — él tomó las manos de su esposa