La fuerza que ejerció terminó por ocasionar que una línea de sangre se deslizará por su cuello, Sebastián al ver esto se puso con la piel de gallina, Mileydis no parecía sufrir a pesar que sangraba de un lado y todo se miraba bastante mal.
— Escucha Mileydis — Sebastián extendió su mano — dame ese cuchillo y hablemos, no puedes estar haciendo esto.
— ¡No te acerques! — ella gritó — si no quieres que mi muerte caiga en tus manos vas a acceder a todas mis peticiones, no pienso ser madre soltera