Lucas estaba sentado sobre su cama, observando por milésima vez en ese día todo lo que el día anterior le había comprado Baltazar. Desde que regresaron a la mansión, no había visto de nuevo a aquél hombre, y no sabía si seguiría decaído y frágil o por el contrario, volvía a ser el mismo hombre intimidante.
Con cuidado, tomó la caja del ordenador portátil y la abrió, sacando el plástico de seguridad y el aparato. Era negro, y el logo en rojo sangre de la empresa le daba un aspecto bastante moder