El jet privado de Baltazar Ivanov acababa de aterrizar en la pista cuando la luz de los primeros rayos de sol comenzaba a bañar sutilmente el horizonte.
De su interior, Edyl, Ivanov y alrededor de veinte hombres armados bajaban.
Baltazar buscaba con la mirada a su hijo. Estaba furioso, pues habían tocado una vez más a su familia, y habían dado un golpe muy duro contra su reputación. Sabía que el ataque de los italianos podría dar valor a otros enemigos y, de unirse, podría ser su caída.
Tras m