Ella se deslizó dentro de la cama echándose a un lado para dejarle sitio. Él se metió también, apoyó la cabeza sobre la almohada y la abrazó. Se quedó rígida por un momento y luego, con un inspiro, apoyó la cabeza sobre su pecho.
-Bien, ¿vas a contarme qué te ha puesto tan triste?
-En realidad no, no creo que hablar de eso sirva de ayuda.
Podía sentir el calor de su respiración a través de la camisa.
-No estoy de acuerdo. Hablar las cosas siempre ayuda. Déjame ver si lo averiguo. Es algo relac