BRENTT
Mi polla sigue dura mientras enfrento a Lynette, quien tiene los ojos llorosos, los labios hinchados, su pecho sube y baja y si no termino lo que empecé ahora, esto va a acabar muy mal para los dos.
—Largo —le digo a la mujer.
Ella, sin mirarnos, recoge las cosas y sale rápidamente, enseguida chasqueo los dedos y mis hombres entran enseguida.
—Llévenselo a una de las celdas en las mazmorras —demando.
—¡No, no te voy a permitir que le hagas más daño! —grita como perro dolido.
—¿Daño?