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Leticia abrió los párpados que pesaban como dos piedras, al igual que todo su cuerpo. Su mente estaba tan confundida que apenas si podía definir donde estaba. Los rayos del sol se filtraban entre las cortinas oscuras iluminando lo que debía ser una habitación, pero no era la suya. Levantó la cabeza un poco de la mullida almohada, estaba boca abajo así que solo pudo alzarla un poco para después dejarla caer bruscamente. Todo su cuerpo dolía ¿y por qué dolía?

Un suave sonido, detrás de el

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