Casandra no podía mentir. Había tenido experiencias sexuales antes. No era tan inocente, pero nunca se había sentido tan llena como ahora. Y Dios, se sentía realmente bien.
Al inicio había dolido, sus paredes se habían separado tanto que pensó que se desgarraría a pesar de toda la preparación y lubricante. El pene de Gavel llegaba hasta donde no se imaginaba, pero increíblemente tocaba un punto tan profundo que la estremeció desde la pestaña hasta la uña del pie. Eso... no lo hacía sentido ante