Casandra no podía mentir. Había tenido experiencias sexuales antes. No era tan inocente, pero nunca se había sentido tan llena como ahora. Y Dios, se sentía realmente bien.
Al inicio había dolido, sus paredes se habían separado tanto que pensó que se desgarraría a pesar de toda la preparación y lubricante. El pene de Gavel llegaba hasta donde no se imaginaba, pero increíblemente tocaba un punto tan profundo que la estremeció desde la pestaña hasta la uña del pie. Eso... no lo hacía sentido antes.
-Más- fue la palabra que salió de sus labios cuando sintió que necesitaba que el alfa fuera más rápido. Con más insistencia. Que llegara más profundo.
-¿Estás segura?- Y Gavel como siempre preocupándose de más. En eso era similar a su padre.
-Quiero correrme- Casandra jadeó enterrando las uñas en la ancha espalda- Penétrame como si no hubiera un mañana- le sonrió envolviendo sus piernas alrededor de la cintura de este.
Y casi fue como si rompiera un grillete dentro del alfa. Casandra pudo ver