-Ya, no puedo más, maldito alfaaaaa- fue el quejido de Casandra arqueando su espalda y sintiendo espasmos por todo su cuerpo.
Se suponía que iban a follar, por consiguiente, ya debería tener una polla dentro de su agujero, ¿verdad? Pero no, a alguien se le había ocurrido entretenerse con sus pezones dejándolos llenos de marcas y dilatarla un poco más, como si todo lo que había hecho antes no fuera suficiente.
-Gavel- la beta gruñó y agarró la muñeca de la mano que tenía cuatro dedos metidos dentro de ella y con la otra tomó un grueso puñado de cabello oscuro y lo jaló hacia arriba.
El alfa alzó su cabeza dejando el pezón que estaba maltratando dentro de su boca dejando un grueso hilo de saliva colgando de sus labios. Pestañeó algo confundido preguntándose si no le estaba gustando a su Cariño lo que le estaba haciendo, porque la obra de arte que había dejado en su cuello era para admirar.
-¿No te está gustando?- le preguntó.
Casandra casi gruñó con la frustración acumulada en su cuerpo