Por más que lo intentara, Leticia no podía contener los temblores en su cuerpo. Y no eran precisamente por el frío y la humedad sobre ella. La omega delante de ella, debajo de la sombrilla, sonreía, como aquella que miraba a un perdedor en un juego donde se sabía desde el inicio el resultado.
Leticia no era tan estúpida para jugar donde sabía que había perdido. Romper un enlace, sobre todo cuando el alfa había mordido a la omega en la nuca... no era algo que se podía hacer fácilmente, por no de