Sheldon movía sus dedos sobre su brazo cruzado delante de la puerta de la estación de policía. Su ceño notablemente fruncido daba a entender que estaba molesto no, lo que seguía. Miró el reloj en su muñeca ya habían pasado tres horas. La situación no podía ser muy buena por lo visto. Su abogado era de los mejores, y le pagaba mucho para mantener el camino limpió... pero.
¿Qué carajos estaba pensando su hijo en ir a la casa de Mark y formar todo aquel jaleo?
Aún no se lo creía cuando lo habían l