Después de no poder dormir en casi toda la noche, ya que los gemidos pasaron a gritos, los besos a según pude escuchar pasaron a golpes, las palabras de amor, a insultos que jamás repetiría yo por mi educación. Así que aunque los calientes rayos de sol me daban en la cara, preferí quedarme un rato más en mi cama o pensar que iba a hacer si me levantaba y los veia a mi esposo y a Lucia, mirarse delante de mí como si fueran dos desconocidos
—- Señora ¿puedo entrar? — escuche la voz de Lucía al ot