—Ojalá su hija también pudiera disfrutar de todo esto, ¿no crees, Hannah? —mi sonrisa titubeó—. Si lo vemos así, Adam no es tan bueno como aparenta.
El abogado de mi esposo era de buen ver; alto, rubio y algunos años más joven que Adam. También era agradable; me había ayudado cuando intenté divorciarme, aún yendo en contra de su principal cliente.
Caminando sobre el césped, fui a su encuentro con una sonrisa. John me envolvió en un abrazo afectuoso.
—Sabine me dijo que vino a verlo, pero Adam se