No me importaba si estaba lloviendo o hacia un sol abrasador, ya que me dolía la cabeza de tal forma que parecía que me iba a estallar en cualquier momento por no haber podido dormir bien en toda la noche, pensando en esa mujer, en la hermanastra de mi prometida, no cesaba de preguntarme dónde la había visto y estaba seguro de que no era una de esas mujeres que de vez en cuando me llevaba a un hotel para disfrutar del cuerpo de una mujer fácil, y si, yo soy un cabrón por acostarme con mujeres