Capítulo 4.

Alfa Marek, llega corriendo en medio del bosque perdiéndose entre la vegetación hasta que llega a una cabaña que parece a punto de caerse.

Sin embargo él abre la puerta sabiendo a la perfección que detrás de ese pedazo de madera lo esperan…

Un hombre con el cabello largo color gris…

— Ha llegado, ¿Era ella?

 Alfa solo contiene el aliento…

— Me dijiste que a maldición se detendría al encontrarla…

Los ojos del hombre brillan y sonríe emocionado girándose para enfrentarlo.

— Si, una hembra con la sangre original como la suya, fuerte y capaz de contra restar la fuerza de la maldición que lo consume.

— La encontré, la única  que cumplía con esa condición es la hija del rey de la manada Colmillo Lunar… Descendiente del linaje Valerius.

El hombre asiente en silencio.

— Y ahora esa mujer ha provocado que las marcas que amenazan los latidos de mi corazón, ardan como la misma lava, ¡sobre mi piel! Quiero arrancarme la piel a tirones.

Alfa estaba bufando ante la desesperación de ese dolor permanente.

— Alfa… ¿cómo sabia su saliva…?

El rugido del Alfa revienta uno de los pocos cristales en la cabaña.

— No juegues conmigo brujo maldito, he hecho todo lo que me pediste, incluso pague con un territorio lleno de ónix en su interior solo para hacer que ese rey soltara a su princesa, y ¿ahora seré torturado de otra manera?

El jadeo del alfa y su rabia no permiten que el brujo responda antes que su cuello sea rodeado por los dedos del licántropo furioso.

— Primero te mato… — Frunce el ceño— Me encargaré de rastrear a cada uno de los miembros de tu aquelarre.

— En… la… ce…— Dice el brujo entre jadeos y eso es suficiente para que el agarre del Alfa se libere.

El hombre cae al suelo, impactándose de forma ruidosa.

 Después de agarrar aire continúa.

—  Pedí que la besara para confirmar que sea la candidata correcta, su saliva debe ser dulce, incluso el complemento al sabor más fuerte en su memoria…

Alfa Marek aprieta las quijadas y lo observa levantarse con sumo esfuerzo.

— Le debo la vida Alfa y es por ello que debo pagar con la liberación de su tortura y eso haré, las amenazas son innecesarias.

— ¿Entonces?

Exige el macho desesperado.

— Debe enlazarse lo más rápido posible, y espero por su Diosa que el crecimiento de la marca se detenga, porque de llegar al corazón, no solo perderá su poder sobre la manada completa… sino la vida misma.

Mientras esto sucedía, Malía camina a las afueras de su habitación, buscando puerta por puerta hasta que encontrar lo que necesita, aunque no puede evitar que las oleadas de deseo por aquel beso lleguen inesperadamente.

“Él es mi mate, es increíble… después de tanta lucha, el macho con el que debo crear una lucha es el mismo  que me puede rescatar de dolor” piensa ella al cerrar los ojos un instante para  recordar la sensación de hormigueo en todo su cuerpo al ser recorrido por él.

“Alfa Marek…” piensa saboreando solo pensar en su nombre “Alfa Marek mi mate, eso eres”

En ese instante una pregunta llega a ella.

“¿Por qué no me reconoció como su mate si mi loba estaba aullando de necesidad por él? ¿Está esperando a hacer todo como debe ser? No me ha marcado” Su mano se va de inmediato al hombro donde debería estar su marca, para no encontrar nada.

Pero de  forma inmediata en medio de un pasillo se escuchan pasos acercándose.

Y ella se esconde.

— Que desgracia que la princesa haya llegado en medio de una tempestad.

— Shhh no digas esas cosas— responde una voz suave y titubeante a la primera.

— No hay nadie, pero es  la verdad una de las ancianas dijo que era un mal augurio que la princesa llegara herida no solo ella sino todos los suyos… ¿Qué nos deja a nosotros? Lo mismo.

Un jadeo de sorpresa sale del pecho de la segunda mujer.

— Te lo digo… espero por la diosa que el Alfa la devuelva, no es buena para él ni para la manada.

“No puedo regresar a mi manada, solo tengo el futuro” piensa desconcertada. “Sólo lo quiero a él.”

“Bien… me encargaré de ello pero por lo pronto necesito saber ¿Quién sobrevivió? ¿Quién ya se recuperó? Si ellos me reconocen, mi tiempo se habrá terminado.”

Ella sigue caminando hasta encontrar lo que estaba buscando.

El área de heridos.

En cuanto entra el olor a piel quemada y podrida la rodea.

Regresándole imágenes de campos de batalla como si fueran su presente.

Y tiene que cubrir su boca y nariz con la mano para no vomitar.

“Esto es horrible” Decenas de mesas llenas de enfermos  y cuidadoras en las orillas caminando con delicadeza increíble, incluso para ella con su magnífico oído era complicado identificar sus pisadas.

Observa a cada cuidadora pareciera que flotaran en el lugar.

Pero solo observa.

“Podría haber sido una de ellos”

Ese pensamiento no la abandona.

El tiempo pasa hasta que prácticamente se queda sola con los heridos.

— Es de no creerse, siguen con heridas abiertas, deforme… pero cómo, y su recuperación ¿por qué no avanza?

En eso los pasos de alguien más acercándose llegan a ella y al levantar la vista se encuentra con una hembra.

—Princesa, que sorpresa encontrarla en este lugar…

— No debería serlo, vengo a revisar cómo se encuentran mis guerreros.

— Ellos… — La mujer se detiene—  Ellos están siendo cuidados para que no sufran.

— Pero que saben de su falta de curación.

La mujer se acerca al macho que estaba tendido en una camilla con poco más de la mitad de su torso sin quemar todo lo demás era imposible de identificar.

— Ellos fueron bañados por un polvo que elimina la capacidad de regeneración, por lo que dijo el equipo de bienvenida, había un fuego extraño rodeándolos y usted era la que se encontraba justo en el centro.

Malía traga saliva.

“Estaba en el medio solo porque quede a un costado del carruaje no por otra cosa”

Malía vuelve blancas sus manos al apretarlas.

“Querían volverme solo un cuerpo de sacrificio, una carnada lista para utilizar, Kairo me prometiste cuidarme… protegerme, otra promesa que no pudiste respetar, que ilusa fui al creerte.”

— Necesito que identifiquen ese veneno o polvo, y revertir su efecto.— sus palabras sonaron fuertes y claras, contrario al silencio que inundaba el lugar.

En ese instante un jadeo se escucha a un costado.

— Malía…

Y eso la congela  al instante. La habían identificado.

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