Mundo ficciónIniciar sesiónLa habitación de la princesa parece que pierde cada uno de los gramos de aire del lugar…
El calor que irradiaba del cuerpo del Alfa era como una fogata en medio del invierno más fuerte.
La mirada de Malía se concentra en él, en la fuerza de su presencia y las marcas plateadas que decoran su piel bronceada en el brazo izquierdo es como una lámpara jalando su atención.
Los símbolos son como un susurro llamándola con una sinfonía escandalosamente discreta.
— Fuera… — La indicación del Alfa es clara y solo toma una fracción de segundo para que las decenas de corazones palpitando alrededor de Malía solo dejen de sonar.
Desconcertándola, con el silencio abrumador.
El aroma a jazmines la rodea de nuevo… Ahora ya despierta eso le recuerda algo.
Muchos años atrás, había escuchado a la princesa contar a su cuidadora de un macho que había encontrado a la orilla de un arroyo.
— ¿Y no le preguntó su nombre su alteza?— Cuestionó la mujer peinando su cabello.
La princesa había negado con la cabeza… y una sonrisa se plantó en sus labios de forma pícara.
— Solo sé que él se acercó a mí, y me cuidó al verme herida, con una delicadeza que me encantó... Pero lo buscaré.
— ¿Cómo?— La cuidadora había dejado salir su nerviosismo en la voz.
La princesa se encogió de hombros en respuesta.
— Se movía rápido, resolvió el problema y revisó el área… obvio es un guerrero más que capaz de protegerme…
Ella se había abrazado a sí misma.
— Le dije mi nombre… y el no bajó la mirada sumiso y eso me encantó.
Esa anécdota había costado la vida de la cuidadora anterior.
Solo una escapada era suficiente para que las torturaran, la princesa herida era algo mucho más grave.
— Él tiene unas marcas en todo su brazo, unas muy brillosas, lo voy a encontrar y me amará… aseguré que él tuviera mi olor.
Ella extendió su mano para acariciar un ramo de jazmines silvestres.
— Este es un regalo de él… Para hacer que dejara de llorar, éste será un recordatorio permanente hasta que vuelva a mí.
Y ese recuerdo solo hace que el corazón de Malía se saltara un latido, la habitación estaba repleta de esas mismas flores…
“Él la recuerda, sabe que la princesa Bela es la misma que estuvo en ese accidente, la misma que ayudó, por eso el olor inconfundible de las flores en tantos jarrones decorando la habitación, un símbolo de su primer encuentro”
Su corazón se acelera, con cada paso que ese temible alfa daba en su dirección.
“Él la anheló todo este tiempo, esperó lo suficiente en las sombras para hacer que ella se encontrara a su costado… o tal vez a sus pies” piensa al verlo tan fuerte y poderoso.
Sus pulmones se sumían en una profundidad de la que parecía imposible salir.
Ese par de ojos verde profundo y cautivador no se desprendían de su mirada un solo instante.
Él da un paso más en su dirección, después otro.
Ella busca en automático algo con qué defenderse, pero solo encuentra seda…
“Si el recuerda no sólo el detalle de las flores, sino también el olor de la princesa nada de esto habrá valido la pena.”
El alfa se presenta justo a su costado y el tiempo parece detenerse.
La presencia de ese macho… solo provoca en su loba una desesperación inexplicable, una lucha de poder entre la razón y el deseo…
“¿Deseo? ¿Por él? Mi loba lo único que desea es que la vea… que la reconozca”
Para Malía nada de esto tenía sentido pero su loba había identificado algo mucho antes que ella.
Ella observa un poco más.
El olor a lluvia en medio del bosque, frescura y peligro…
Ella no puede contener el instinto de inhalar solo un poco ese olor.
Ese delicioso y cautivador olor.
Él es mi mate… El lobo que la Diosa Luna ha creado solo para mí.
Su cuerpo reacciona de inmediato, no con sumisión sino como un reto, una ilusión a hacerlo que la vea como algo mas que la pobre princesa…
Los segundos se sienten como horas.
“¿Qué te sucedió para que ese joven atento y justo que conoció la princesa, se volviera en un macho… en un alfa con los rumores tan horribles?”
Nada de lo que había escuchado tenía algo bueno… algo noble… o sacrificado.
— Así que eres tu…— La voz de Alfa era como un rugido en el fondo del mar…
Imposiblemente impactante.
La piel de ella se pone chinita, no solo por su cercanía, no solo por su voz…
Sino por la posibilidad de negarse, de confesar la verdad, de tratar de suplicar perdón, y buscar en el fondo de su alma un poco de compasión.
“¿Es una pregunta? ¿Una invitación? Tal vez… él reconoció que mi olor no es el de esa joven a la que cuidó tantos años atrás… y me da una oportunidad de confesar ¿ y si él ya sabe que estamos destinados a estar juntos”
Decenas de dudas se acumulaban como chorros de agua al fondo de una cascada.
Y anclada a una sensación no solo de adrenalina completa sino también por esa sensación de pertenencia.
Una súplica inexplicable desde el fondo de su pecho que grita…
Pelea, lucha, crea tu nueva versión, reclámalo como tuyo.
“No hay tiempo de dudas… ni de reclamos. Debo actuar”
Se relame los labios y aun manteniendo la mirada fija en su rostro…
Responde.
— Si alfa… Soy yo… de nuevo.
Y no hay necesidad de decir mas el alfa se arroja contra ella, sin aviso sin anticipación solo dejándole la sensación de haber perdido la batalla.
Por primera vez ella cierra los ojos y se encuentra con el impacto menos esperado.
Los labios de él se apropian de los de ella, y el sabor de su Alfa y ahora pareja se funde en una lucha de ambos por controlar el ritmo.
El calor que la recorre es una marea que no la deja respirar, el instinto le grita que lo acerque, nada es suficiente.
Las sensaciones se multiplican y su piel se eriza al ser consumida por un deseo que no había sentido jamás.
Las manos de ella se concentran en su rostro luchando por que la vea como es realmente pero en cuanto sus manos de desvían a su brazo.
El beso se detiene y él se aleja un centímetro de su rostro.
La cordura de ella… de su loba… ha desaparecido, para ver renacer una sola necesidad, que él la aceptara como suya.







