Capítulo 37.

Lana tragó saliva.

Sus ojos se pusieron brillosos, siempre era así, las decisiones se volvían cada vez más difíciles, más complicadas.

— ¿Cómo?

— Sí, solo piénsalo este antídoto lleva bastante tiempo para ser preparado y él ya lo tenía listo.

Gunnar abrió los brazos frustrado.

— ¿Y si todo lo armó para terminar ganándose nuestra confianza y hacer un golpe más fuerte después?

Lana dudó un momento.

Y Gunnar continuó con sus pensamientos diciéndolos en voz alta.

— Ella misma lo hizo prisionero.

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