—Me alegra que hayas venido —dijo Isabella finalmente, mirándolo de reojo.
—Has cambiado de opinión —comentó Alexander, alzando la mirada—.
—Eso significa que podemos hablar de tu propuesta.
No era lo que esperaba, pero le pareció bien. —Me parece bien.
—No te emociones demasiado —dijo ella—. Es un no.
—¿Un no? —Asintió pensativo, intentando ignorar la extraña sensación que le oprimía el estómago—. ¿Puedo preguntar por qué?
Isabella lo miró, esta vez durante más tiempo, y luego volvió a marchar