Sintiéndose completamente asqueado de sí mismo, estiró la mano para coger el mando, apagó la televisión de un manotazo agresivo y se acomodó en las almohadas, subiéndose las mantas. Con suerte lograría dormirse, aunque dudaba enormemente de que su cerebro fuera a desconectarse pronto, a juzgar por la metedura de pata tan colosal que acababa de tener.
Toc. Toc.
El sonido fue tan suave, tan vacilante, que por una fracción de segundo pensó que lo había imaginado. Se quedó paralizado, con la respir