Se removió en su asiento, entrecerrando los ojos a través del parabrisas para observar el entorno que parecía inmutable: las casas adosadas de piedra que bordeaban la calle, la tienda de la esquina que no estaba en una esquina, su escuela primaria —en cuyas puertas había esperado tantas noches a que su padre lo recogiera para luego marcharse solo, muerto de miedo en la oscuridad—.
Apretó el volante con más fuerza y fijó la mirada al frente. Hacía mucho que había dejado atrás esa vida. Se le h