SU PUNTO DE VISTA
El aire de la noche era cálido, cargado con el aliento salado del mar. Bajé del coche y el mundo se inclinó ligeramente. El muelle se extendía ante mí, con luces de guirnaldas meciéndose perezosamente en lo alto, proyectando reflejos dorados sobre el agua negra y ondulante. La música latía baja, seductora, deslizándose entre las risas y el tintineo constante de las copas.
La invitación decía exclusivo, pero no esperaba esto: yates meciéndose suavemente en sus amarras, cada uno