Punto de vista en tercera persona
Llevaba semanas planeando mi escapada de cumpleaños: una huida en solitario al Grand Crest Hotel, famoso por sus vistas del horizonte y su servicio de champán. Cumplir treinta años me parecía un hito que merecía que me mimara a lo grande. Mi suite contaba con un balcón privado, un jacuzzi burbujeante junto a la barandilla de cristal y espacio suficiente para hacerme olvidar que seguía en la misma ciudad en la que vivía.
Para cuando hice el registro de entrada,