Ya era demasiado evidente que nada en aquel embarazo sería muy normal, así que media hora después, cuando la familia en pleno llegó corriendo, atropellándose unos con otros en la pequeña sala de espera, Charlie ya salía con una bebé de tres kilos y medio en los brazos, chillona como su madre y linda como su padre. ¿O era al revés?
Las caras de los abuelos eran épicas. No era su primera nieta, pero nadie podía negar que aquella niña había sido la más esperada y la más deseada durante toda una dé