CUANDO ME VAYA. CAPÍTULO 48. Solo quiero que me quieras tú
Estaba aterrada. No había otra forma de decirlo. Tirar de la manija de aquella puerta y sentir que no podía abrirla era como volver a desatar los peores demonios. Otra vez encerrada, otra vez sin libertad para hacer lo que quería, otra vez la ansiedad, y el miedo y la impotencia de no ser dueña de su destino.
Golpeó desesperadamente la puerta y el grito que salió de su boca hizo eco en toda la habitación.
—¡Kris! ¡Kris! ¡Kriiiiiiiiis...!
Su pecho subía y bajaba con violencia, su respiración era