CUANDO ME VAYA. CAPÍTULO 23. Una oportunidad inesperada
Jana estaba aterida y completamente agotada. Tenía hambre y tenía miedo, pero quizás por eso su cerebro estaba más alerta que nunca. Tenía que largarse de allí como fuera, tenía que escapar, así que no podía desperdiciar ni un momento en que pudiera recabar información.
Siguió barriendo, empapada como estaba, mientras se fijaba en cada detalle del terreno alrededor. El muro era alto y debía tener quizás cuatro o cinco metros de altura. Por su aspecto debía tener un par de siglos de construido,