CAPITULO 84. Descenso al infierno
Mar y Alan estaban sentados en la terraza mientras veían a los niños correr por el jardín. La tarde estaba fresca y agradable, y Mar tomaba una taza de café mientras Alan aparentemente estaba concentrado en el juego de sus hijos. Sin embargo su cabeza no estaba allí, sino en la barbaridad que estaría planeando Gus, porque por más que había intentado, no había habido posibilidad de hacerlo cambiar de opinión.
—Alan... Alan... ¡Cariño!
—¡Mi amor! —se sobresaltó él y Mar arqueó una ceja curiosa.
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