A la hora de la cena, ella había bajado a cenar sin joyas, sin maquillaje, con un pantalón y una camiseta, toda de negro, y la melena rubia recogida en una cola de caballo.
Edward se preguntó si lo había hecho a propósito para reflejar su estado de ánimo. En cualquier caso, estaba igual de guapa que siempre.
Él pensó que era encantadora incluso cuando estaba enfadada, y bajó la vista a sus carnosos labios.
–Si no querías cenar, me lo hubieras comentado
–Quiero llevarme a Santi a casa –respo