–Bueno voy a relajarme un poco, tienes para tu solo la piscina, el spa o la sauna.
–Te puedo acompañar un rato mientras me romo una copa. No te molestare.
Rossi se alzó de hombros y camino hacia una parte de la casa.
Edward la siguió a un salón acristalado que daba a un lado con el jardín y al otro con la playa. Una hermosa vista y que, evidentemente, ella había convertido en su estudio. A Rossi le gusto pintar, pero el apenas si noto si lo hacía o no.
Cuando llegaron allí Edward musito –Q