Bien temprano en la maña Edward se levantó salió a correr un poco para buscar un alivio a su intranquilidad. Recordar a su hijo le hizo sonreir, revivió la experiencia cuando le fue presentado su hijo.
Un par de ojos se clavaron en él. Los con puntitos eran como los de su madre. No sabía por qué lo afectaba eso, pero algo se encogió en su pecho al ver esa carita.
–Santi, quiero que conozcas... –Rossi hizo una pausa, como si no supiera cómo presentarlo.
–Hola, me llamo Edward –se adelantó él–