Elena miró fijamente la ficha de póker negra aplastada en la palma de Damian, las diminutas palabras grabadas “Theo envía saludos” ahora ilegibles bajo la presión de su puño. El aire del ático se sentía más denso, cada respiración cargada con el peso de demasiadas mentiras convergiendo.
Mia ladeó la cabeza, aún abrazando su unicornio. “¿Por qué el hombre alto rompió la moneda de juguete?”
Damian abrió la mano lentamente, dejando caer los fragmentos sobre la isla de mármol como confeti oscuro. S