Mundo ficciónIniciar sesiónSentado en su auto, y viendo como Abigail se montaba en otro con su marido, Dominic apretó el volante hasta que sus nudillos se pusieron blancos. El auto que estaba delante de él aceleró y se perdió de su vista, y solo pudo recostar su cabeza en el asiento, tratando de respirar y deshacer esa agonía que no lo estaba dejando vivir.
Esto parecía una película de terror. No entendía cómo podía estar envuelt







