Antes, cada vez que Pablo decía algo, Lola asentía con docilidad. Pero esta vez, respondió:
—No puedo, mi hermano está decidido a entrar en Hospital Santa; su sueño es ser médico allí.
—¿Y qué dice Diego? —preguntó Pablo.
—Diego intentó usar su influencia como jefe de cirugía hepática, pero no funcionó.
—Déjamelo a mí. —Pablo sonrió.
—¿Tienes un plan? Pero tú acabas de decir que no hay nada que hacer. —Lola se mostró sorprendida.
—Lo intentaré. —Pablo afirmó—. Haré todo lo posible por ayudarte.