Irene regresó a su hotel con cierta dificultad.
Estrella la vio y la observó de arriba abajo antes de preguntar: —¿Cómo llegó Diego aquí? ¿Cómo supo dónde estábamos? ¿Te hizo algo?
Actuaba como una niña curioso, Irene sonrió: —Vino por trabajo y yo salí a dar una vuelta, justo lo encontré.
—Qué coincidencia —dijo Estrella—. Parece que ustedes dos están destinados.
No era un destino de amor, más bien todo lo contrario.
Irene le preguntó: —¿Y la ropa?
Estrella la llevó apresuradamente a verla: —Es