—Sube un poco el aire caliente. —dijo Diego al conductor.
—No, ¿hay perfume en el coche? —respondió Irene.
Debido a su profesión de doctora, Irene no usaba joyas ni perfumes fuertes. Al subir al coche, notó un intenso aroma a perfume. Diego, al olfatear, se dio cuenta de que no podía percibir nada.
—No, señora, no hay nada en el coche. —dijo rápidamente el conductor.
—Es extraño... —Irene volvió a aspirar y miró a Diego.
El conductor, concentrado en la carretera, no se atrevió a mencionar que el