Diego, por Irene, ¡hasta aceptó a ese bastardo de ojos azules!
Camila sintió que la rabia se intensificaba. ¡Ella era la única perfecta, siempre había tenido a Diego en su corazón! ¿Y Irene? ¡Tenía un hijo con otro hombre, y Diego no la despreciaba! ¿Cómo podía existir una mujer tan desvergonzada en el mundo?
Después de que Camila se fue, Irene se quedó un momento en silencio.
—¿Mami? ¿Estás bien? —Félix la miraba preocupado.
—Estoy bien. Después de un largo día, ¿no estás cansado, Feli? —Irene