Sería genial si supiera si Irene lo amaba. Si lo hacía, sería una alegría para todos. Si no, entonces... le quedaría un largo camino por recorrer.
—Alguna vez... la amé. —reflexionó antes de responder.
—Dijiste "alguna vez", eso es pasado. —señaló Félix.
—Lo sé. —confirmó Diego—. Voy a esforzarme para que ella vea mi sinceridad y, eventualmente, me acepte.
—¿Y tú me puedes aceptar a mí?
—Por supuesto. Eres su hijo, y te trataré como si fueras mío. —dijo Diego.
—¿No tendrás rencor? —preguntó Féli