Irene se secó las lágrimas con la mano. Se despreciaba por sentirse así, pero las emociones no eran algo que pudiera controlar. Pensó que podría estar en calma, sin perturbaciones. Sin embargo, al ver la figura de madera, se sintió conmovida.
Podía aceptar que Diego no la amara, pero no podía aceptar que esa persona, que la había amado durante tantos años, nunca se lo hubiera dicho.
Empujó a Diego, sin una sola lágrima en el rostro, solo con los ojos enrojecidos.
—No hay nada más que decir, no q