—¡Sí, me gusta! —Pablo sonrió de manera extraña—. ¿Puedes creer que la he querido durante más de diez años?
—¿Te gusta y aún así siempre la molestas? —Estrella se sorprendió.
—¡Eso es porque tengo un interés especial en ella! —Pablo gritó—. ¡No entienden nada! ¡Son un montón de inútiles!
Estrella sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Se dio cuenta de que la emoción de Pablo era extremadamente inestable, sus ojos estaban rojos, casi como si estuviera loco. Era mejor no provocarlo al hablar con